Marcas idénticas conceptualmente, pero en otro idioma

Mayo 2019


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Marcas idénticas conceptualmente, pero en otro idioma



El fundamento del registro de marcas tanto a nivel nacional, como Europeo o Internacional es el de protegernos de que no nos copien ni se aprovechen de nuestro prestigio, al cual hemos logrado acceder con mucho esfuerzo no solo económico sino intelectual. Este es el conocido Ius Prohibendi, que junto al Ius Utendi conforma el derecho en exclusiva que otorga un signo registrado.

Cuando una marca tiene éxito es algo casi seguro que van a salir marcas muy parecidas que intenten utilizar de lanzadera a la marca conocida para aumentar sus ventas, y es ahí donde el titular del conocido anteriormente puede desplegar todos los derechos que le otorga la Ley por el hecho de estar registrada, como es el derecho a oponerse a que una marca acceda al registro por causarnos un perjuicio.

El perjuicio al que nos referimos es el riesgo de confusión o asociación en el público consumidor, el cual será mayor cuanto más conocida y renombrada sea la marca que se pretender imitar, y mayor será el perjuicio que no solo el titular de la marca anterior sufrirá, sino también el consumidor que podrá adquirir un producto o servicio pensando que se trata de la misma empresa, cuando la realidad es que no tienen ninguna relación.

En los países de habla hispana cada vez con más frecuencia son utilizados los denominados anglicismos, esto es, utilizar palabras en inglés para describir una profesión, un producto, una marca, una empresa…, como por ejemplo, la profesión de entrenador personal todo el mundo sabe que se llama Personal trainner, o utilizar nombres ingleses para registrar marcas porque así se les da un aire más moderno, más innovador.

Pero qué ocurre si tenemos registrada una marca en español, y esa misma marca se registra en inglés, ¿es admisible?, se trata de una traducción literal, por lo tanto ¿puede causarnos perjuicio, esto es, riesgo de confusión o asociación en el consumidor? Evidentemente es una preocupación que cualquier titular puede tener si su marca es una palabra o conjunto denominativo susceptible de ser traducido a otro idioma.

Cuando esto ocurre está claro que hay una identidad o parecido desde un punto de vista conceptual, pero lo que debemos tener en cuenta también es si el público o consumidor medio sería capaz de traducir y vincular ambos signos, ya que si el idioma utilizado no es de conocimiento medio para el mercado local, el examinador lo considerará de fantasía.

En estos casos, en lugar de acudir a la vía administrativa y plantear procedimiento de oposición ante la Oficina, sería conveniente estudiar otras vías de actuación de la mano de abogados especializados en Propiedad Intelectual.

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